Hace apenas tres días, el diario El Economista, adelantaba la noticia procedente Ministerio de Trabajo e Inmigración, de la intención de nuestro gobierno de penalizar a los desempleados que no hagan cursos de formación o rechacen ofertas de empleo con la retirada de la prestación, con el convencimiento de que hay que caminar hacia un mayor peso de las políticas activas de empleo. Esta información, siempre según lo publicado por la agencia EFE, ha sido confirmada por el titular del Ministerio, don Celestino Corbacho, en entrevista concedida en el día de hoy a la Cadena Ser.
En el texto actual del decreto ley de la reforma laboral hay un párrafo que establece la voluntariedad del desempleado para asistir a cursos de formación durante los cien primeros días de percepción y señala que la no participación en los mismos en ese periodo “no conllevará efectos sancionadores”; una vez transcurridos esos 100 días el desempleado ya contará con la obligatoriedad de aceptar el curso de formación que se le oferte.
En las declaraciones realizadas a SER, nuestro ministro confirmaba la pretensión de reducir este periodo hasta los primeros 30 días –que no desde el primer día como era la intención inicial– afirmando “porque nos parece razonable que una persona esté en disposición de participar en cursos formativos”.
Quedando aquí la noticia, vuelvo al artículo que mi buen amigo José Luis Del Campo, compartía con nosotros hace unos días en el que se planteaba si la Formación Ocupacional era realmente formación para la ocupación; y
añado algún otro comentario que algún buen amigo me ha hecho llegar, así como que la Formación Ocupacional era un mero trámite administrativo, o como que los intereses creados, por la cantidad de dinero que se mueve en formación, priman por encima de la calidad y de la buena utilización de la misma.
añado algún otro comentario que algún buen amigo me ha hecho llegar, así como que la Formación Ocupacional era un mero trámite administrativo, o como que los intereses creados, por la cantidad de dinero que se mueve en formación, priman por encima de la calidad y de la buena utilización de la misma.Con todos estos comentarios, digo, tengo que compartir algo de razón. Todos se fundamentan en experiencias conocidas y comprobados resultados. Por desgracia, en la Formación Ocupacional confluyen intereses económicos, que ya apuntaba, de aquellos que quieren recoger el importe de las subvenciones sin más, con el interés político del maquillaje de las cifras de paro, al no constar en las estadísticas de desempleo aquella persona que esté realizando un curso.
Si buscásemos alguna estadística que nos mostrase algún ratio que relacione alumno ocupacional con encuentro de ocupación, me atrevería a apostar fuerte a que no es muy positivo.
Pero la Formación Profesional Ocupacional (F.P.O.) se define como la modalidad formativa que trata de responder a las exigencias del mercado laboral, y que va dirigida a fomentar las oportunidades de empleo en el ámbito de cada comunidad autónoma –con la gestión de las propias instituciones autonómicas; el SERVEF en la Comunitat Valenciana– formando adecuadamente, en el momento actual, a desempleados en sus diferentes y diversas ocupaciones encaminando a estos a la actualización, reciclaje o especialización profesional, en un proceso de adaptación a los cambios del actual mercado laboral, y con el objetivo primordial de facilitar su pronta reincorporación en el mismo.
Y siendo esta afirmación cierta, la Formación Ocupacional debe ser válida y útil pues su encomienda es noble y elevada, y será misión de aquellos que ejercen esta profesión de formadores la de dignificar y justificar con su buen hacer, aún más si cabe, el ejercicio de esta actividad formativa, pasando por encima de intereses e instituciones, públicas o privadas llegado el caso, con las miras siempre puestas en el bien social. Al fin, las cosas bien hechas siempre dependerán de la correcta actuación de las buenas personas.
Y, por último, recordar aquello de Concepción Arenal cuando nos decía; «El mejor homenaje que puede tributarse a las personas buenas es imitarlas.»
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